María Soledad Escalante Beltrán
El artículo reflexiona sobre la viabilidad de un proyecto ético en una época marcada por la aceleración social, la virtualidad y la expansión de las tecnologías digitales. Parte de la muerte de Dios como expresión de una pérdida de sentido metafísico y examina cómo la dataficación, el capitalismo de la vigilancia y las plataformas digitales transforman la subjetividad, la autonomía y los vínculos humanos. Sostiene que la virtualidad no imposibilita la ética, pero modifica sus condiciones al mediar la comunicación, la expresión emocional y la percepción del otro. Desde la antropología filosófica, propone recuperar la conciencia del ser humano como especie vinculada a un mundo vivo y atender a las consecuencias sociales y ecológicas de la tecnología. Concluye que la vida ética no puede reducirse a reglas: requiere religión, como horizonte de sentido y trascendencia, y libertad, como fundamento de la autonomía, la justicia y el reconocimiento.