Íñigo García Odiaga, Nekane Azpiazu
Los espacios de producción experimentaron diversas transformaciones a finales del siglo XX durante la Tercera Revolución Industrial o Revolución Digital, dando comienzo a un nuevo modelo de fábrica flexible capaz de adaptarse a un sector en continuo desarrollo que requiere nuevos espacios con un gran volumen de instalaciones. En atención a las demandas emergentes de una industria más tecnificada, Richard Rogers proyecta cuatro contenedores de carácter indeterminado, concebidos como espacios completamente diáfanos. Esta condición espacial es posible gracias a la externalización tanto de la estructura portante como de las instalaciones técnicas, estrategia que responde a un principio de legibilidad constructiva. La explicitación de estos sistemas no solo define la identidad de cada edificio, sino que también se inscribe en un marco de experimentación arquitectónica orientado a la integración y síntesis de innovaciones tecnológicas. A partir de una metodología cualitativa de enfoque histórico y comparativo, este artículo muestra cómo cada una de esas cuatro fábricas de la retórica tecnológica se desarrolla con la investigación de la anterior, y las coloca como el resultado de la previa colaboración entre Renzo Piano y Richard Rogers, siendo determinante el proyecto del Centro Pompidou. Por otro lado, la repercusión de estas obras es visible en la formación de lo que se llamó el High-Tech, y en la expresividad de una arquitectura más muscular, de huesos y venas vistas para lograr unos interiores vacíos capaces de albergar cualquier uso.