Agustín De la Herrán Gascón
Se parte de la premisa de que la educación inclusiva ha supuesto un avance decisivo en equidad y participación, pero ha tendido a centrarse en dimensiones parcialmente visibles del fenómeno educativo, lo que evidencia la necesidad de profundizar en sus fundamentos pedagógicos. En este contexto, la formación sociocomunitaria constituye un escenario especialmente relevante para analizar estos límites, al orientarse con frecuencia hacia dimensiones funcionales o instrumentales. El trabajo se desarrolla desde un enfoque pedagógico y didáctico radical e inclusivo, cuya génesis se sitúa a finales de los años ochenta. Esta perspectiva no se limita a una ampliación conceptual, sino que profundiza en los fundamentos formativos e integra dimensiones radicales relativas al inicio, al centro y al final de la vida, proyectándolas específicamente en la formación sociocomunitaria. El objetivo es ensanchar el significado de la educación inclusiva sin sustituirlo, sino completándolo desde un enfoque que atienda a sus raíces y a aquello que el discurso pedagógico ha dejado fuera. Se propone un recorrido en tres niveles: la educación en su plano radical y fundante; la educación inclusiva, entendida como desarrollo necesario pero insuficiente cuando se centra en la diversidad, ampliada mediante la incorporación de identidad, semejanza y unicidad, junto con la noción de discapacidad intelectual común; y su proyección en la formación sociocomunitaria mediante la educación prenatal, la Pedagogía de la muerte y el eje ego–conciencia– autoconocimiento esencial. El artículo plantea la necesidad de un cambio de rumbo o reinicio educativo, al comprender la educación como un proceso evolutivo del egocentrismo a la conciencia, y situar la educación de la conciencia como condición básica —aunque no suficiente— de educatividad y de calidad profesional.