Alejandro Escudero Pérez
Darwin sacó a la luz una idea peligrosa: los seres humanos no son ni el centro ni la cima del mundo. Se opuso así, con esta afirmación, a siglos de humanismo. Por este motivo cuando la filosofía se orienta hacia una posición posthumanista –intentando poner fuera de juego las ilusiones del idealismo moderno- encuentra en Darwin un apoyo imprescindible.