Manuel Delgado
Hace tiempo que la cuestión de la identidad –entendida al menos como sustancia– ha sido sobreseida por la antropología. La presunción teórica según la cual al sentimiento de identidad étnica le correspondía una concepción del mundo determinada y exenta y de que tal cosmovisión pudiera resultar alterada por fenómenos de contaminación o degeneración ha sido desautorizada en las últimas décadas desde una disciplina que –cuanto menos en Europa– ha asumido a las culturas como su ámbito de explicación, sin que ello suponga que hayan dado por descontado en ningún momento que las culturas puedan explicar alguna cosa. La teoría de la aculturación, característica de la escuela culturalista norteamericana –Redfield, Linton, Herkovits, Lewis, Aguirre Beltrán, entre otros–, ya recibió una severa descalificación en los años sesenta por parte de la antropología y la sociología neomarxistas –Balandier, Ribeiro. A la vez, las discusiones suscitadas en el seminario que organizara Jean-Marie Benoist a mediados de los 70...