Judith Galarza López
La educación superior enfrenta un período transformador marcado por crisis sanitarias, restricciones económicas, avances tecnológicos y demandas sociales crecientes. La Cumbre de Transformación Educativa +4 (TES+4), convocada por la ONU y UNESCO en julio de 2026, subraya la necesidad de fortalecer la resiliencia de los sistemas educativos y demostrar resultados concretos hacia la Agenda 2030. Para las universidades de Ciencias de la Salud, esta transformación implica ir más allá de la incorporación tecnológica o reformas curriculares aisladas; requiere consolidar sistemas de aseguramiento de la calidad como mecanismos de gestión inteligente que integren planificación, evaluación, gestión de riesgos y mejora continua. La inteligencia artificial y la digitalización ofrecen oportunidades para personalizar el aprendizaje y fortalecer la gestión universitaria, siempre que se integren de manera ética e inclusiva. En América Latina, persisten desigualdades sociales y limitaciones de financiamiento que exigen fortalecer la gobernanza universitaria y promover decisiones basadas en evidencia. La resiliencia institucional no debe entenderse solo como capacidad de resistir crisis, sino como habilidad para transformarse continuamente y cumplir la misión social universitaria. El desafío fundamental es desarrollar la capacidad permanente de liderar y consolidar el cambio institucional.