Fharide Acosta Malacón
La perspectiva de género como herramienta analítica, nos permite identificar desigualdades estructurales, relaciones de poder y roles socialmente construidos que influyen en los conflictos y en su resolución. Este enfoque parte de una idea muy importante: los conflictos no afectan a todas las personas de la misma manera. Analiza cómo hombres y mujeres, en términos generales (evitando determinismos), tienden a adoptar estilos distintos de negociación y cómo los estereotipos afectan la percepción de legitimidad, al ver a las mujeres como “menos firmes” o “demasiado emocionales” y al percibir a los hombres como “más racionales”. A través del concepto de violencia estructural (desigualdades sistemáticas que afectan a ciertos grupos), entenderemos cómo muchos conflictos no son “entre iguales”, sino que están atravesados por relaciones de poder desiguales ya sean de tipo económicas, sociales o culturales. Incorporar la perspectiva de género en la resolución de conflictos no solo es una cuestión de ética, sino que es una necesidad para poder lograr acuerdos que sean realmente justos y sobre todo duraderos. Las experiencias de hombres, mujeres y personas de la diversidad sexual están marcadas por desigualdades previas, por relaciones de poder y por roles sociales que influyen en cómo viven y enfrentan un conflicto.