Verónica Laplace
A cincuenta años del golpe de Estado, la pregunta por los efectos del terror producido continúa interpelando al campo de la salud mental. No sólo porque el terrorismo de Estado dejó profundas marcas en nuestro pueblo, sino porque los procesos de Memoria, Verdad y Justicia inaugurados con la recuperación democrática transformaron las formas de comprender el sufrimiento, el cuidado, la responsabilidad del Estado y el lugar de los derechos humanos en las prácticas de salud mental. Las reflexiones que aquí se presentan parten de una inquietud que ha acompañado mi recorrido como trabajadora y militante: ¿de qué modo se inscribe el campo de la Salud Mental en los procesos de Memoria, Verdad y Justicia? Pero, sobre todo, ¿qué produjeron esos procesos en el propio campo de la salud mental? ¿Cuál es el articulador que permite comprender la transformación de sus prácticas y concepciones hacia la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657? La hipótesis que orienta este trabajo sostiene que dicho articulador es el paradigma de los derechos humanos, entendido no sólo como un marco jurídico, sino como una idea fuerza constituyente de actores sociales (Stolkiner, 2010)